Una no tan nueva modalidad de estafa alerta a los usuarios de comercios en línea.

Es posible que después de hacer su primera compra o venta por Internet, usted no quiera parar. Si es comprador, estara feliz de haberse ahorrado largas horas de recorrido circular por un centro comercial repleto de gente, o sentira que venció al sistema porque consiguió un precio mucho ma s bajo que el que había cotizado en un almacén. Si es vendedor, agradecera no haber necesitado pagar el arriendo de un local físico para atraer un cliente a comprar su producto y se habra ahorrado el tedio de atender detra s de un mostrador.

Lamentablemente, no siempre es tan divertido como parece. La capacidad de reinventarse de los ladrones parece infinita. En la calle, a domicilio, por teléfono, por Internet: siempre a la vanguardia.

Mercado Libre es el comercio ma s visitado por colombianos, es esa pa gina (junto a otras como OLX o eBay) donde una nueva generación de ladrones encontró trabajo. Los gerentes de esos comercios en línea han asegurado mil veces que los casos de estafa en sus plataformas son muy bajos, que la mayoría de transacciones se concretan sin problemas y que (menos mal, qué tal que no) casi todos esta n felices. Casi. El gerente de OLX dijo en una entrevista que se trata de un 0,1% de las transacciones. Ese porcentaje, que parece insignificante, se ha convertido en un mar de quejas, denuncias e historias tragicómicas de robos.

Una de las reglas ba sicas de estas pa ginas es que se envía el producto una vez se deposite el pago. O se hace a contraentrega, plata en mano. Por eso, el miedo ma s grande lo llevan los compradores: porque el vendedor lleva la ventaja. Tiene las de ganar. Sin embargo, desde hace ma s de dos años (por las denuncias que pude rastrear en Internet, pero puede ser mucho ma s) se puso de moda una estafa a la inversa, donde el comprador, en aparente desventaja, se las ingenia para robar a vendedores incautos.

La estafa funciona ma s o menos así.

Usted pone a la venta un producto en una pa gina de compraventas. Suele ser un porta til, un celular de alta gama, una consola de videojuegos. Aunque también ha pasado con muebles, perros, un aire acondicionado. Un comprador (muchas denuncias coinciden en que es un tipo de acento costeño) se muestra interesado en su producto. Lo contacta amablemente, no regatea el precio, se comporta como el cliente perfecto. Usted y el comprador arreglan los detalles de lo que sera su futuro infierno.

El delincuente le envía una foto de un recibo de consignación, muchas veces incluso parece en efectivo. Le dice que revise su cuenta bancaria, revise que todo esta en orden y, de ser así, le envíe el producto. Usted va, coge su celular o su computador, abre la sucursal virtual de su banco y ve que efectivamente aparece un ingreso nuevo: un millón, lo que había pedido por su computador usado. Debajo de ese valor, aparece subtítulo que dice “consignación en canje”. Usted lo ignora. Envía el producto. Un rato después, entra de nuevo a la sucursal, quiza s con ganas de gastarse la plata que acaba de ganar. Pero ve, con sorpresa, que la consignación no aparece. Ya no esta su millón. Se quiere pegar un tiro. Llama al comprador, que por supuesto ya no contesta. Llama desesperado al banco. Le explica de mil formas al asesor. Y él, mucho ma s calmado que usted, le dice que lo robaron.

La explicación que le han dado a Daniel y a todas las víctimas es breve: la consignación en canje, esas tres palabras que usted pasó por alto, indican que su comprador pagó con un cheque. Lo que usted no sabía (y por lo que cayó en la trampa) es que el cheque tiene un periodo de canje de tres días, en el que quien lo depositó puede revertir el pago. O bien puede ser un cheque sin fondos: el popular cheque chimbo. Ahora lo sabe.

Foto vía Google Ima genes. 

FUENTE: vice.com

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